martes, 27 de octubre de 2020

"Octubre", de Robert Frost (Traducido por Luisa Pastor)

Ilustración: Alba L. Giménez

 Oh, silenciosa y plácida mañana de octubre,

tus maduras hojas presienten su caída,

el viento de mañana, si sopla fuerte

acabará con todas ellas esparcidas.

Los cuervos claman en lo alto del bosque;

puede que mañana se agrupen y emprendan la salida.

Oh, silenciosa y plácida mañana de octubre,

alumbra las horas de hoy perezosamente.

Haz que este día sea menos fugaz, a nuestros ojos.

Ya que los corazones se prestan gustosos al engaño,

embáucanos como tú sabes.

Deja caer una hoja al amanecer;

al mediodía libera otra;

una que caiga de nuestros árboles, la otra de más lejos.

Haz que el sol se distraiga en la levedad de la bruma;

cautiva a la tierra con tus amatistas.

¡Despacio, despacio!

Compadécete del temblor de la vid, al ver todas sus uvas

con las hojas consumidas a causa de la helada,

y la gloria de sus racimos condenada, asimismo, a perecer.

Compadécete del temblor de la vid que pende del muro.


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sábado, 10 de octubre de 2020

"Vísperas", de Louise Glück, (Traducido por Luisa Pastor)

 

Ilustración: Alba L. Pastor

¿Qué más se podía hacer a mi viña,

que no haya hecho yo en ella?

Isaías, Cap.5

En tu vasta ausencia,
me has consentido la explotación de la tierra,
contando con que has de recuperar la inversión.
Pues bien: 
te informo del fracaso en las tareas que me asignaste, 
principalmente en lo que se refiere a las tomateras.
En verdad,
no debieras animarme en lo sucesivo a cultivar tomates.
O, si acaso es ese tu empeño,
debieras al menos dosificar tus diluvios,
y las gélidas noches que aquí nos resultan tan familiares,
mientras otras regiones, en cambio,
disfrutan de doce semanas de estío.
Tú, en efecto,
eres dueño y señor de todo esto.
Sin embargo, fui yo quien plantó humildemente las semillas,
e ingenuamente me alborocé siendo testigo de los primeros brotes
que como alas se alzaron del suelo,
y fue mi corazón el que se rompió ante su ruina,
cuando las manchas negras fueron reproduciéndose
tan rápidamente entre sus filas.
Óyeme esto: 
dudo que tengas corazón,
no tal como yo lo entiendo.
Tú que no distingues lo vivo de lo muerto,
que eres, en consecuencia, inmune a los presagios,
tú que nada conoces de mi aflicción
ante esa fatídica nervadura en la hoja,
como ante las rojizas hojas que del arce caen,
sin razón aparente, en agosto
a una prematura oscuridad.
No es ésta tu viña, sino la mía.


domingo, 27 de septiembre de 2020

"Encantamiento", de Czeslaw Milosz (Traducido por Luisa Pastor)

Ilustración: Alba L. Giménez


La razón humana es hermosa e invencible.
No hay barrera, alambre de espinos, censor de libros,
ni orden de destierro que prevalezca en su contra.
Alumbra las ideas universales en el lenguaje,
e incita a nuestra mano a escribir Verdad y Justicia
en mayúsculas y, en minúscula, mentira y opresión.
Enemiga de la desesperación y amiga de la esperanza,
ensalza los bellos ideales obviando las cosas como son.
No distingue al judío del griego o al esclavo del amo,
dejando como patrimonio un mundo a nuestro arbitrio.
Pone a salvo las frases sencillas y transparentes
frente a la soberbia discordancia de las palabras retorcidas.
Abre el coagulado puño del pasado,
nos dice que todo es nuevo bajo el sol.
Preciosa y jovencísima es la Filosofía
así como la poesía, su aliada en el servicio del bien.
Cuando ayer mismo la Naturaleza celebraba su nacimiento,
la noticia llegó a las montañas a lomos del unicornio y el eco.
Su alianza será por siempre gloriosa, atemporal.
Sus detractores se han entregado a la autodestrucción. 



domingo, 13 de septiembre de 2020

"El fin de la ciencia ficción", de Lisel Mueller (Traducido por Luisa Pastor)

Ilustración: Alba L. Giménez


Esto no es una fantasía, es nuestra vida.

Somos las criaturas

que conquistaron la luna,

los que no dan tregua alguna a sus computadoras.

Somos los dioses capaces de deshacer

el mundo en siete días.


Ambas manos se detuvieron a mitad de la jornada.


Gozamos ya el sueño incipiente de vivir para siempre

en livianos cuerpos de aluminio

con una serie numérica grabada en el envés.

Sintonizamos nuestras palabras como Muzak.

Nos escuchamos unos a otros como a través del agua.


El género se ha extinguido. Inventa algo nuevo.

Inventa a un hombre y a una mujer 

desnudos en un edén,

inventa a un hijo que salvará al mundo,

un hombre que carga con su padre

huyendo de una ciudad en llamas.

Inventa el hilo de un ovillo

que conduce a cierto héroe a buen puerto,

inventa una isla en la que él abandona

luego a esa mujer que le ha salvado del peligro,

sin perder el sueño siquiera tras su traición.


Invéntanos tal como fuimos

antes de que nuestros cuerpos reluciesen

y dejásemos de sangrar:

inventa a un pastor que mata a un gigante,

a una muchacha que se transforma en laurel,

a una mujer que rehúsa dar la espalda 

a su pasado y es convertida en estatua de sal,

a un joven que roba el patrimonio de su hermano

y acaba convertido en líder de una nación.


Inventa unas lágrimas auténticas, un amor impío,

unas palabras arcaicas recitadas despacio

y con esfuerzo, como los primeros pasos

del niño que cruza una habitación.



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jueves, 27 de agosto de 2020

"Las vacaciones", de Wendell Berry (Traducido por Luisa Pastor)

Ilustración: Alba L. Giménez


 “Las vacaciones”, de Wendell Berry

TRADUCIDO POR LUISA PASTOR


Hubo una vez un hombre que filmó sus vacaciones.

Iba raudo río abajo en su bote

con su videocámara al ojo, rodando

un dinámico film del dinámico fluir

sobre el que su bruñido bote se desplazaba fugazmente

hacia el término de sus vacaciones. Le mostraba

sus vacaciones a la cámara, que lo grababa,

inmortalizándolo todo para siempre: el río, los árboles,

el cielo, la luz, la proa de su ajetreada embarcación

y, ubicado en la parte de atrás, él con su cámara

preservando sus vacaciones como si en verdad las tuviera,

para que después de haberlas tenido, todavía pudiera

tenerlas. Y con el encendido

de un interruptor, allí estarían. La pega es que él no. 

En esa película él nunca sería más que una ausencia. 


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martes, 18 de agosto de 2020

"Conversación", de Ai Ogawa (Traducido por Luisa Pastor)

Ilustración: Alba L. Giménez


 Para Robert Lowell


Nos sonreímos mutuamente,

y yo me reclino contra el asiento de mimbre.

¿Cómo debe de ser eso de estar muerto?, digo.

Tú rozas mis rodillas con tus dedos azules,

y, al abrir tu boca,

una bola de luz ambarina cae al suelo

con un orificio centelleando en su interior.

No me lo cuentes, digo, no quiero oírlo. 

¿Alguna vez -arrancas - llevaste

uno de esos vestidos de seda

y debido, sin más, a un accidente,

tan leve que apenas lo sientes,

tus dedos rasgaron ese vestido,

con idéntico sonido al de un cuchillo que cortara papel?

Incluso puede que lo visualizaras

percatándote de hasta qué punto esa imagen

es simplemente la prolongación de otra imagen,

que tu propia vida

es una cadena de palabras

que un día se romperá.

Las palabras, dices, como corros de muchachas

cogidas de la mano, empiezan a ascender hacia el cielo

con sus vestidos de confirmación

henchidos como blancos globos de helio,

las coronas de flores en sus cabezas dando giros y giros

y, por encima de todo eso, 

ahí estoy yo, flotando,

y, bueno, así es como yo me lo represento

solo que diez veces más sereno,

diez veces más siniestro.

¿Qué ser vivo podría sobrevivir a una visión así?



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lunes, 10 de agosto de 2020

"Una piedra, una hoja, una puerta", de Thomas Wolfe (Traducido por Luisa Pastor)

 

Ilustración Alba L. Giménez (inspirada en "La danza" de H. Matisse)


…Una piedra, una hoja, una puerta que nunca encontré;

el origen de esa piedra, de esa hoja, de esa puerta.

Y de todos los rostros que han caído en el olvido.


Desarropados y sin compañía de nadie se nos envió al exilio.

De nuestra madre, conocimos su oscuro útero

mas no su rostro;

de la prisión de su carne llegamos a otra

que nos privó de toda esperanza de comunicación, la prisión

de esta tierra.


¿Quién de nosotros ha llegado a conocer a su hermano?

¿Quién de nosotros se ha asomado al corazón de su padre?

¿Quién de nosotros no ha vivido siempre confinado en su propia cárcel?

¿Quién de nosotros no está llamado a ser para siempre un extranjero solitario?


¡Oh, y hasta qué punto apuramos el fracaso en este arduo laberinto, perdidos,

entre las estrellas que alumbran

esta agotada y deslucida ceniza, perdidos!

Recordándonos privados del habla,

salimos en busca del lenguaje primordial que olvidamos,

el desdibujado carril que conducía hacia el cielo,

una piedra, una hoja, una puerta que nunca encontré.


Texto original extraído del libro A stone, a leaf, a door, de Thomas Wolfe (Macmillan Publishing Company, 1991)


... A stone, a leaf, an unfound door; 

of a stone, a leaf, a door. 

And of all the forgotten faces.

Naked and alone we came into exile. 

In her dark womb 

we did not know our mother's face;

from the prison of her flesh have we come

into the unspeakable and incommunicable prison 

of this earth.

Which of us has known his brother?

Which of us has looked into his father's heart? 

Which of us has not remained forever prison-pent?

Which of us is not forever a stranger and alone?

O waste of lost, in the hot mazes, lost, 

among bright stars

on this weary, unbright cinder, lost! 

Remembering speechlessly 

we seek the great forgotten language, 

the lost lane-end into heaven, 

a stone, a leaf, an unfound door.





lunes, 3 de agosto de 2020

"Pasos tristes", de Philip Larkin (Traducido por Luisa Pastor)

Ilustración: Alba L. Giménez


Al volver a tientas a la cama después de un pis,
aparto las tupidas cortinas, y se ciernen sobre mí
las nubes en fuga, la prístina luna.

Son las cuatro: los jardines, jalonados de sombras, yacen
bajo un cielo que bien podría ser la cueva de los vientos.
Realmente, hay algo ridículo en todo esto,

cómo se desliza la luna a través de las nubes que flotan
vagamente como el humo de un cañón
-altas y absurdas y aisladas – hasta hacerse remotas,

mientras una pétrea luz enfoca los tejados de abajo.
¡Píldora del amor! ¡Medallón del arte!
¡Oh, lobos de la memoria! ¡Oh, inmensidades!

No, uno siente ciertos escalofríos al mirar ahí arriba.
La cruel y radiante y clara
singularidad trascendente de esa magnífica visión

es un recordatorio de la fortaleza y el dolor
de ser joven: algo que no podré recobrar jamás,
pero que para otros permanece intacto en alguna parte.



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martes, 28 de julio de 2020

“Me siento y coso”, de Alice Moore Dunbar - Nelson (1875-1935) / (Traducido por Luisa Pastor)

Ilustración: Alba L. Giménez

Me siento y coso -una tarea banal, en apariencia,
sobre ella mis manos se afanan, sobre ella cae mi cabeza
bajo el peso de inquietantes visiones -
el arsenal de la guerra, los hombres en sus marchas solemnes,
todos con rostros de acero, y una severa mirada al frente que trasciende
en conocimiento a esas almas inferiores cuyos ojos ni han visto la Muerte
ni han aprendido que la vida no es más que un suspiro.
Con todo, yo debo sentarme y coser.

Me siento y coso, mientras mi corazón se desgarra de deseo,
y vuelve esa marcha terrible, las fieras descargas de fuego
devastando los campos y convirtiendo en una forma retorcida y grotesca
lo que fuera un hombre en otro tiempo. Mi compasiva alma se eleva
implorando a gritos, con el único anhelo de ir en pos
de ese holocausto infernal, de esos campos de aflicción.
Sin embargo, debo sentarme y coser.

Esta nimia labor sin objeto, este inútil remiendo…
¿Por qué he de soñar yo aquí, a salvo en mi hacienda, bajo techo,
cuando ellos yacen empapados de barro y lluvia,
pronunciando a duras penas mi nombre, en el avance y en la caída?
¡Tú me necesitas, Cristo! No es una rosada quimera
lo que persigo como destino – esta hermosa y fútil costura
es justo lo que me anula-. Dios, ¿debo sentarme y coser?

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domingo, 19 de julio de 2020

"Pescando en el Susquehanna un día de julio", de Billy Collins (Traducido por Luisa Pastor)

Ilustración: Alba L. Giménez


No he ido nunca de pesca al Susquehanna,
ni a ningún otro río, con esa idea concreta,
a decir verdad.

Ni en julio ni en ningún otro mes
tuve el placer -si es que es un placer-
de pescar en el Susquehanna.

A mí es más fácil sorprenderme
en un tranquilo cuarto como éste,
con un retrato de mujer colgado en la pared,

y un bol de mandarinas en la mesa,
tratando de manufacturar la sensación
de ir de pesca al Susquehanna.

No me cabe la menor duda
de que otros sí han estado
pescando en el Susquehanna,

han ido río arriba en sus rústicas embarcaciones,
hundiendo afanosamente los remos bajo el agua,
para alzarlos luego, goteando, hacia la luz.

Pero lo más cerca que he llegado a estar yo
de pescar en el Susquehanna
fue una tarde en un museo de Filadelfia

en la que pasé un buen rato
ante un cuadro
en el que ese río serpenteaba
bajo un cielo azul de onduladas nubes
bordeando la densa arboleda de las orillas,
y allí un tipo con un pañuelo rojo en la cabeza
sentado en un pequeño bote de color verde,
sostenía con paciencia el fino sedal de su caña.

“Eso es algo que difícilmente creo
que yo llegue a hacer”, recuerdo
que me dije a mí mismo, y también a mi acompañante.

Luego, en un abrir y cerrar de ojos,
me desplacé a otros paisajes americanos:
graneros, aguas espumosas cubriendo los roquedales,

e incluso en uno de ellos una liebre marrón
que parecía inquieta y en estado de alerta,
a punto, en mi imaginación, de salir huyendo del marco.


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martes, 30 de junio de 2020

“En una ventana”, de Carl Sandburg (Traducido por Luisa Pastor)

Ilustración: Alba L. Giménez

Dadme tan sólo hambre,
oh dioses que gravemente sentados
imponéis al mundo un orden.
Dadme hambre, dolor y deseo,
apartadme, a base de humillaciones y fracasos,
de las puertas del oro y la fama,
¡dadme la más andrajosa y punzante de las hambres!

A cambio, dejadme un amor, por pequeño que sea,
una voz que me regale el oído al final del día,
una mano que me alcance en la penumbra del cuarto
y que venga a acabar con esta infinita soledad.
Cuando al oscurecer las formas diurnas
se difuminan en el ocaso,
una errante estrellita del oeste
nos expulsa de las mudables orillas de la sombra.
Permitidme que vaya entonces a la ventana
a contemplar las fugitivas figuraciones del declive
y aguardar allí la certera llegada
de un amor, por pequeño que sea.



Enlace al poema original

lunes, 22 de junio de 2020

"Una habitación en Brooklyn", de Anne Carson (Traducido por Luisa Pastor)

Ilustración: Alba L. Giménez
  
(inspirada en la obra Room in Brooklyn, de Edward Hopper)

Este
lánguido
día
se mueve
a lo largo de la habitación
Oigo
sus
ejes
en
marcha
Un progresivo resplandor
sobre
el techo
me da
esa
azulinoamarillenta
excitación
Mientras
las horas
apuran
el glorioso
declive de mi atardecer.

lunes, 15 de junio de 2020

"Desnudo de Edward Hopper", de Lisel Mueller (traducido por Luisa Pastor)

Ilustración: Alba L. Giménez

La luz
apura todo lo que yo podría ser,
el sueño apasionado y tierno
de un hombre cualquiera,
o de un pintor –
mis pechos, dos cálidas palomas,
mis brazos, ligeramente doblegados
por la calma del mediodía.

Yo soy
estas venas azuladas, esta cicatriz,
este dominio de células color lavanda,
estos muslos y hombros vencidos;
estas pantorrillas, tan nimias
como mis mejillas,
estas caderas que no han de hacer mullidos
los luminiscentes cojines;

con todo, este cuerpo es mi hogar,
mi infancia se halla confinada aquí,
mi sueño emerge y se fragua en él,
el deseo llegó a su cénit hasta decaer
en los entresijos de su osamenta.
Este sitio me pertenece.


Para Margaret Gaul


lunes, 8 de junio de 2020

"La Península", de Seamus Heany, (traducido por Luisa Pastor)

Ilustración: Alba L. Giménez


Cuando no se te ocurra nada más que decir,
sal un día y conduce, sin más, a lo largo de la península.
El cielo se eleva como si fueras a despegar,
el paraje carece de indicación alguna, de modo que no hay más meta

que pasar de largo, evitando en todo momento, claro, la llegada.
Al atardecer, el horizonte se traga el mar y la colina,
los campos arados emborronan el tejado del blanco caserío,

y nuevamente retomas la oscuridad. Ahora, recuerda
la luminosidad de la costa y aquel tronco a contraluz,
la roca donde las olas van a romperse en jirones,
las garzas en elegante escorzo sobre sus patas,
las islas dejándose ir en la niebla,

y regresa por fin a casa, todavía sin nada que decir
salvo que en adelante poseerás las claves de todos los paisajes
en virtud de estas cosas halladas puras y limpias,
agua y tierra en su elemental desnudez.


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domingo, 31 de mayo de 2020

“Cúbrete el rostro con tus manos”, de Mark Strand (Traducido por Luisa Pastor)

Ilustración: Alba L. Giménez

Dado que hemos atravesado el río y el viento nos ofrece tan sólo un entumecedor torbellino de frío, al que nos hemos adaptado dócilmente, sin esperar más allá de lo que nos puede ser concedido, sin preguntarnos siquiera cómo pudo ocurrir que llegáramos a este sitio, para nosotros carece ya de toda importancia que nada saliese como esperábamos. No hay modo de despejar la niebla en la que vivimos ni de saber en qué momento nos dimos por sometidos. La silenciosa nieve del pensamiento se derrite antes de que pueda cuajar. El lugar que habitamos es un acertijo planteado por alguien a quien todo lo humano le es ajeno[i]. Las cancelas hacia la nada se multiplican y el presente queda tan lejos, tan abismalmente lejos.


[i] El enunciado original es: “Where we are is anyone’s guess”. Confieso que he querido sobreentender mucho, al jugar con el eco de la famoso proverbio de Terencio: “Homo sum, humani nihil a me alienum puto” (“Soy un hombre, nada de lo humano me es ajeno”). Se trata de una voz más para enriquecer esta reflexión.


lunes, 25 de mayo de 2020

"Una fotografía", de Joseph Brodsky (traducido por Luisa Pastor)

Ilustración, Alba L. Giménez

Una fotografía, de Joseph Brodsky

Vivíamos en una ciudad teñida del color del vodka helado.
La electricidad llegaba de lejos, de las marismas,
y, con el crepúsculo, el apartamento parecía amenazado
por una mancha enorme de carbón y de mosquitos.
Nuestras ropas, voluminosas, revelaban la proximidad con el Ártico.
Al final del más remoto pasillo, el teléfono sonaba sin descanso,
recobrando a regañadientes la actividad previa a la guerra.
Los billetes de tres rublos llevaban la semblanza de mineros o aviadores.
Yo ignoraba que algún día todo eso acabaría para siempre.
En la cocina, las esmaltadas ollas parecían infundir confianza en el mañana
transformándose de continuo en mis sueños, en cascos o en un ejército marciano. 
Los automóviles también rodaban hacia el futuro y eran, casi todos, negros,
grises, y a veces -en el caso de los taxis- incluso marrón claro.
Resulta extraño y ciertamente amargo constatar
que ni siquiera el metal es conocedor de su destino
y que la vida se ha sacrificado poco menos que a la mayor gloria
de la compañía kodak, con su fe ciega en las copias
y su tendencia a deshacerse de los negativos.
Con todo, las aves del paraíso cantan, aun sin ramas a las que poder saltar.


domingo, 17 de mayo de 2020

"De vuelos y caídas", de Jack Gilbert (Traducido por Luisa Pastor)

Ilustración Alba L. Giménez

De vuelos y caídas, de Jack Gilbert

Todo el mundo pasa por alto que Ícaro alcanzó a volar.
Igual sucede cuando el amor toca a su fin,
o un matrimonio fracasa y a la gente le da por decir
que sabían que aquello era un error, que todos
decían que aquello nunca funcionaría. Que ella era
de sobras mayorcita para saberlo. Pero todo cuanto
merece la pena hacerse, merece la pena hacerse mal.
Como estar allí aquel verano, tan próximo al océano,
justo al otro lado de la isla, mientras el amor se esfumaba
de ella. Las estrellas ardían con tal extravagancia entonces
que nadie hubiese creído en su futura extinción.
Cada mañana, ella despertaba en mi cama,
como una aparición, con la dulzura de un antílope
que permanece estático en la bruma del amanecer.
Y a la tarde, contemplaba cómo regresaba de su baño
avanzando por el candente suelo rocoso, con toda la luz
marina tras de sí, y el cielo enorme de otro lado.
La escuchaba atento mientras almorzábamos.
¿Cómo puede decir nadie que aquello fue un fracaso?
Es como la gente que volvía de Provenza
(cuando estaba de moda eso de ir a Provenza)
diciendo que todo bonito, pero las comidas muy grasientas.
Yo creo vehementemente que Ícaro no cayó con su caída:
simplemente apuró los confines de su triunfo.

(Traducción de Luisa Pastor)

Enlace al poema original

domingo, 10 de mayo de 2020

“Abajo con el mirlo azul”, Margaret Fishback (Traducido por Luisa Pastor)

Ilustración Alba L. Giménez
Abajo con el mirlo azul, de Margaret Fishback 

Cuando me derrumbo, desprecio todo cuanto
en circunstancias normales amo.
Detesto a la alondra, cuyo canto carece de sentido,
odio el anodino cielo azul sobre nosotros.

Los azafranes, irguiéndose altivos sobre el césped,
las campanillas, próximas a abrirse-
quisiera verlas muertas y desaparecidas;
su vitalidad es una invitación a la melancolía.

Y por encima de todo me trae sin cuidado,
en esos ratos en que la voz mía se asemeja
al monótono zumbido de la colmena,
escuchar cómo mis vivarachos colegas
ensalzan la maravilla de estar vivo.

                                                       
                                                                   Traducción de Luisa Pastor

domingo, 3 de mayo de 2020

"Ella", de Anne Carson

Desconozco la materia con que están hechas las almas; 
                                                                                                        pero sea cual sea, la suya y la mía son iguales.

                                                                                                                                                       Emily Brontë
Ilustración Alba L. Giménez
Ella, de Anne Carson

Vive en un páramo perdido en el norte.
Sin compañía de nadie.
Allí donde la primavera se abre
como la afilada hoja de un cuchillo.

Viajo todo el día, de tren en tren
llevando un lote de libros conmigo
-algunos para mi madre, otros para mí-,
incluidas las Obras Completas de Emily Brontë,
mi autora favorita.

También mi principal temor,
que trato de afrontar como puedo.

Siempre que visito a mi madre
siento como si me convirtiera en Emily Brontë,
mi solitaria vida abrazándome como este páramo,
mi desgarbado cuerpo pisando gravemente
la cenagosa llanura en un simulacro de transformación
que muere cuando llego a la puerta de la cocina.

¿De qué materia están hechas tu alma y la mía, Emily?

(Traducción Luisa Pastor)


She


She lives on a moor in the north.
She lives alone.
Spring opens like a blade there.
I travel all day on trains and bring a lot of books—

some for my mother, some for me
including The Collected Works Of Emily Brontë.
This is my favourite author.

Also my main fear, which I mean to confront.
Whenever I visit my mother
I feel I am turning into Emily Brontë,

my lonely life around me like a moor,
my ungainly body stumping over the mud flats with a look of transformation
that dies when I come in the kitchen door.
What meat is it, Emily, we need?

domingo, 26 de abril de 2020

"Spring", de Edna St. Vincent Millay

Primavera, de Edna St. Vincent Millay 


¿Con qué propósito, Abril, vienes de nuevo?
Ilustración Alba L. Giménez
La belleza no basta,
ya no puede, por más tiempo, aplacarme
el primor con que abres, una a una,
tus diminutas hojas encarnadas.
Sé cuanto hay que saber.
El sol calienta mi nuca mientras observo
los alargados estigmas de las rosas de azafrán.
La tierra exhala un agradable aroma.
Nada aquí es presagio de muerte.
Pero ¿qué puede eso importar
cuando bajo ese hermoso suelo
los sesos de los hombres son pasto de gusanos?
La vida en sí misma
no es nada,
una taza vacía, un pasaje de peldaños
sin moqueta siquiera.
No basta, digo, con que cada año, bajo esta colina,
Abril
comparezca como un idiota,
babeando y esparciendo sus tiernas flores.

(Traducción de Luisa Pastor)

Enlace al poema original