martes, 12 de enero de 2021

“Meditation at Lagunitas”, de Robert Hass (Traducido por Luisa Pastor)


Ilustración: Alba L. Giménez

Todo el pensamiento moderno gira en torno a la derrota.

En este sentido, se parece a todo el pensamiento antiguo.

La concepción, por ejemplo, de que el hecho concreto

amortigua el radiante esplendor de la idea,

de que el pájaro carpintero, horadando  con su graciosa careta

el esculpido tronco yerto del abedul, supone, por su sola presencia,

una especie de trágica caída desde un mundo primigenio

de indiscriminada luz. O esa otra visión, según la cual,

dado que no hay una sola cosa en este mundo

que se corresponda con la zarza de la mora,

una palabra es la elegía de aquello que significa.

De eso estuvimos charlando anoche, hasta bien tarde,

y en la voz de mi amigo había un leve asomo de aflicción,

un tono casi quejumbroso. Al instante comprendí que,

en una charla así, todo significante se difumina: justicia,

pino, cabello, mujer, tú y yo.

Y recordé que una vez hubo una mujer a la que le hice el amor,

y cuando tenía sus pequeños hombros en mis manos

sentí un violento asombro en su presencia,

como un anhelo de sal, un ansia del río de mi infancia,

con sus sauces insulares y el ininteligible rumor

de un plácido bote, aquellos cenagales donde atrapábamos

unos pequeños peces de color plata y ámbar llamados percas.

Y todo eso, en verdad, apenas tenía que ver con ella.

Nostalgia, ese es su nombre, que sobreviene

porque el deseo está lleno de interminables distancias.

Supongo que también ella estaría entonces igual de lejos.

Sin embargo, recuerdo tan bien el modo en que sus manos

desmenuzaban el pan, o aquello que su padre le dijo

para herirla; sus ilusiones...

Hay momentos en que el cuerpo se vuelve tan inefable

como las palabras, días en que la gloria de la carne se prolonga,

algo así como la ternura de aquellas veladas crepusculares

pronunciando mora, mora, mora.



 Enlace a la versión original



lunes, 30 de noviembre de 2020

Agradecimiento

 Con esta sencilla entrada, queremos agradeceros vuestra fidelidad y compromiso a quienes el pasado sábado nos acompañasteis en el Auditorio de la Lonja de Orihuela para celebrar el VII Encuentro del Aula de Poesía Miguel Hernández. A pesar de las circunstancias extrañas en las que nos movemos, pudimos comprobar que seguís arropándonos en todos los proyectos que emprendemos.



viernes, 27 de noviembre de 2020

Aula de Poesía "Miguel Hernández"

 Os esperamos para celebrar el cine y la poesía... 

Mañana a las 19:15 h. en el Auditorio de la Lonja de Orihuela



lunes, 23 de noviembre de 2020

"A solas", de Matthew Sweeney (Traducido por Luisa Pastor)

Ilustración: Alba L. Giménez


¿Fue Pascal quien dijo “Casi todo nuestro sufrimiento deriva del hecho de no ser capaces de permanecer solos en nuestra habitación?” Baudelaire pensaba que bien podría ser así, pero no con una certidumbre absoluta. Y echemos un vistazo a ese “casi” tan apetitoso que aparece ahí. A mi mente acude toda clase de sufrimientos que nada tienen que ver con el hecho de permanecer solos en nuestra habitación. Cuando estando en un tren me llega un email de rechazo por una obra en la que yo había depositado grandes esperanzas, por ejemplo. O por retroceder aún más, aquella ocasión en la que al volver a casa encontré muerto al ratoncito blanco que tenía con doce o trece años. O, por poner un ejemplo más mundano, cuando el avión en el que tengo una reserva se retrasa unas doce horas y mientras yo me quedo colgado en el aeropuerto.

Jamás he tenido yo, en verdad, mucho inconveniente con el asunto de la soledad.  De niño, leía con voracidad y en cualquier esquina oculta era fácil sorprenderme con mi libro. El juego del golf es uno de esos casos en los que uno disfruta a solas, especialmente a primera hora de una hermosa mañana. El momento en que me sentí más solo fue cuando unos misioneros vinieron de visita a mi escuela y tuvimos que aguantar un retiro de silencio que duraba tres días. Al final de ese periodo de tiempo, me sentí como uno de esos astronautas de las películas que han de permanecer en la luna durante meses.

Baudelaire reivindicaba que su amigo el Diablo amaba los lugares lúgubres, solitarios, donde era más probable que prendiese el espíritu del crimen y la lujuria. Llegó a la conclusión de que esto no suponía realmente un peligro para la mayoría de nosotros, aunque sí, y especialmente, para toda esa gente ociosa e imaginativa propensa a los enigmas y la ensoñación. El tipo de persona que debería evitar estar solo es el charlatán o quizás el comentarista televisivo. Pero, ¿conseguirían estas personas detener su verborrea únicamente por estar privados de compañía? ¿Consiguió Crusoe, por ejemplo, permanecer en silencio en su isla antes de la llegada de Viernes? Según Elizabeth Bishop en su espléndido poema, “Crusoe en Inglaterra”, no.

Y para lograr escribir ese poema, la Sta. Bishop necesitó estar sola. Eso no hizo que dejase de cocinar o de invitar a amigos a comer con ella y beber vino con ella. Pero después de todo eso, probablemente a la mañana siguiente, ella tuvo que volver a enfrentarse con su poema, con su soledad.

A mi modo de ver, tal vez el ilustre francés exagerara los beneficios de estar solo. El escritor y filósofo Jean-Paul Sartre, por ejemplo, en su obra A puerta cerrada incluye la famosa sentencia “El infierno son los otros”. Sí, todos sabemos hasta qué punto suelen ser irritantes los otros, y con qué urgencia se nos representa la necesidad de escapar de ellos. Pero esos dos personajes de Vladimir y Estragón que protagonizan Esperando a Godot, de Beckett, nos demuestran que incluso en el universo del absurdo tiene su importancia tener compañía. Se dice que Beckett se inspiró para su obra en una o dos versiones de la pintura Dos hombres contemplando la luna, de Caspàr David Friedrich que él descubrió en un viaje que hizo a Alemania en 1936 o 37. En ambas versiones del cuadro uno de los hombres apoyaba su mano en el hombro del otro, un gesto de compañerismo como pocos.

Baudelaire cita al filósofo y moralista francés Jean de la Bruyère (o Delabruyère, como él mismo firmaba), “Qué gran desgracia no poder estar solos”, como si reprendiera a todo aquel que quiere zambullirse en una multitud o entrar a un bar abarrotado. ¿Qué hay de esa magnífica palabra francesa, "fraternidad", la tercera en el unificador grito de la Revolución? Quiero cerrar esto con otra cita de la Bruyère: “Más allá de las dificultades crecen los milagros”. Yo me quedo con ésta. Cualquiera en esta compleja sociedad debería darle unas vueltas a este asunto.


Enlace al poema original


domingo, 15 de noviembre de 2020

Vuelve el Aula de Poesía "Miguel Hernández"

 Con algo más de espacio del que nos hubiese gustado (obligados por las circunstancias que todos conocemos), el sábado 28 de noviembre vuelve una edición más del Aula de Poesía "Miguel Hernández", que Auralaria viene organizando desde hace siete años con la colaboración inestimable de la Fundación Cultural Miguel Hernández. En este séptimo encuentro, el motivo que tomamos como vertebrador del Aula es la relación entre cine y poesía. Para ello, tenemos el lujo de contar con el poeta alicantino Joaquín Juan Penalva, que ha cimentado gran parte de su producción poética en el séptimo arte. Evidentemente, cumpliendo todas las medidas de seguridad que se hacen necesarias en estos tiempos tan extraordinarios que vivimos, (aforo al 50 %, registro de asistentes, uso de hidrogel y mascarillas) el sábado 28 de noviembre, a las 19: 15 h. os esperamos a todos y a todas en el Auditorio de La Lonja de Orihuela para celebrar, una vez más, la poesía. 


Seguiremos informando...

martes, 10 de noviembre de 2020

"El suéter de Vladimir Ussachevsky", de John Haines (Traducido por Luisa Pastor)

 

Ilustración: "El búho en la máscara del soñador"
Alba L. Giménez


Encaro el viento de las avenidas

una noche de primavera en Nueva York.

Llevo bajo mi delgada chaqueta

un suéter que me dio la mujer

de un genio nacido en Manchuria.


La calidez de ese suéter contrasta

con la fría indolencia de la ciudad, una manzana tras otra.

Los edificios me parecen montañas

que juegan a alejarse conforme yo trato de alcanzarlas.


En mi imaginación, el tráfico se transforma en ganado

que deambula por fangosos pastos.

Puedo sentir sin esfuerzo alguno a mi alrededor

los largos desplazamientos de los hombres y sus caballos.


Es primavera en Siberia o en Mongolia,

dondequiera que se me ocurra estar.

Rudas voces, aunque honestas, me incitan

a abandonar aquella soledad:

me cuentan que todos estamos cansados

de este peso arrollador, 

de la opresión del invierno que no acaba,

que es hora de renovar nuestra vida,

de quemar los contratos que expiran, 

de elegir nuevos gobiernos.



El sol del viejo Imperio se ha puesto

y debo escribir un poema al Emperador. 

En él le hablaré como el hombre que yo 

debería ser, un habitante de la frontera,

cubierto de esa lana oscura y cálida,

mientras el viento y el humo emborronan mi cara.


Seguramente, el Emperador y su corte

querrán saber que una fantástica

y prometedora revolución empieza mañana

en una de sus remotas provincias…


(1967) El búho en la máscara del soñador: poemas reunidos, 1993.



martes, 27 de octubre de 2020

"Octubre", de Robert Frost (Traducido por Luisa Pastor)

Ilustración: Alba L. Giménez

 Oh, silenciosa y plácida mañana de octubre,

tus maduras hojas presienten su caída,

el viento de mañana, si sopla fuerte

acabará con todas ellas esparcidas.

Los cuervos claman en lo alto del bosque;

puede que mañana se agrupen y emprendan la salida.

Oh, silenciosa y plácida mañana de octubre,

alumbra las horas de hoy perezosamente.

Haz que este día sea menos fugaz, a nuestros ojos.

Ya que los corazones se prestan gustosos al engaño,

embáucanos como tú sabes.

Deja caer una hoja al amanecer;

al mediodía libera otra;

una que caiga de nuestros árboles, la otra de más lejos.

Haz que el sol se distraiga en la levedad de la bruma;

cautiva a la tierra con tus amatistas.

¡Despacio, despacio!

Compadécete del temblor de la vid, al ver todas sus uvas

con las hojas consumidas a causa de la helada,

y la gloria de sus racimos condenada, asimismo, a perecer.

Compadécete del temblor de la vid que pende del muro.


Enlace al poema original


sábado, 10 de octubre de 2020

"Vísperas", de Louise Glück, (Traducido por Luisa Pastor)

 

Ilustración: Alba L. Pastor

¿Qué más se podía hacer a mi viña,

que no haya hecho yo en ella?

Isaías, Cap.5

En tu vasta ausencia,
me has consentido la explotación de la tierra,
contando con que has de recuperar la inversión.
Pues bien: 
te informo del fracaso en las tareas que me asignaste, 
principalmente en lo que se refiere a las tomateras.
En verdad,
no debieras animarme en lo sucesivo a cultivar tomates.
O, si acaso es ese tu empeño,
debieras al menos dosificar tus diluvios,
y las gélidas noches que aquí nos resultan tan familiares,
mientras otras regiones, en cambio,
disfrutan de doce semanas de estío.
Tú, en efecto,
eres dueño y señor de todo esto.
Sin embargo, fui yo quien plantó humildemente las semillas,
e ingenuamente me alborocé siendo testigo de los primeros brotes
que como alas se alzaron del suelo,
y fue mi corazón el que se rompió ante su ruina,
cuando las manchas negras fueron reproduciéndose
tan rápidamente entre sus filas.
Óyeme esto: 
dudo que tengas corazón,
no tal como yo lo entiendo.
Tú que no distingues lo vivo de lo muerto,
que eres, en consecuencia, inmune a los presagios,
tú que nada conoces de mi aflicción
ante esa fatídica nervadura en la hoja,
como ante las rojizas hojas que del arce caen,
sin razón aparente, en agosto
a una prematura oscuridad.
No es ésta tu viña, sino la mía.


domingo, 27 de septiembre de 2020

"Encantamiento", de Czeslaw Milosz (Traducido por Luisa Pastor)

Ilustración: Alba L. Giménez


La razón humana es hermosa e invencible.
No hay barrera, alambre de espinos, censor de libros,
ni orden de destierro que prevalezca en su contra.
Alumbra las ideas universales en el lenguaje,
e incita a nuestra mano a escribir Verdad y Justicia
en mayúsculas y, en minúscula, mentira y opresión.
Enemiga de la desesperación y amiga de la esperanza,
ensalza los bellos ideales obviando las cosas como son.
No distingue al judío del griego o al esclavo del amo,
dejando como patrimonio un mundo a nuestro arbitrio.
Pone a salvo las frases sencillas y transparentes
frente a la soberbia discordancia de las palabras retorcidas.
Abre el coagulado puño del pasado,
nos dice que todo es nuevo bajo el sol.
Preciosa y jovencísima es la Filosofía
así como la poesía, su aliada en el servicio del bien.
Cuando ayer mismo la Naturaleza celebraba su nacimiento,
la noticia llegó a las montañas a lomos del unicornio y el eco.
Su alianza será por siempre gloriosa, atemporal.
Sus detractores se han entregado a la autodestrucción. 



domingo, 13 de septiembre de 2020

"El fin de la ciencia ficción", de Lisel Mueller (Traducido por Luisa Pastor)

Ilustración: Alba L. Giménez


Esto no es una fantasía, es nuestra vida.

Somos las criaturas

que conquistaron la luna,

los que no dan tregua alguna a sus computadoras.

Somos los dioses capaces de deshacer

el mundo en siete días.


Ambas manos se detuvieron a mitad de la jornada.


Gozamos ya el sueño incipiente de vivir para siempre

en livianos cuerpos de aluminio

con una serie numérica grabada en el envés.

Sintonizamos nuestras palabras como Muzak.

Nos escuchamos unos a otros como a través del agua.


El género se ha extinguido. Inventa algo nuevo.

Inventa a un hombre y a una mujer 

desnudos en un edén,

inventa a un hijo que salvará al mundo,

un hombre que carga con su padre

huyendo de una ciudad en llamas.

Inventa el hilo de un ovillo

que conduce a cierto héroe a buen puerto,

inventa una isla en la que él abandona

luego a esa mujer que le ha salvado del peligro,

sin perder el sueño siquiera tras su traición.


Invéntanos tal como fuimos

antes de que nuestros cuerpos reluciesen

y dejásemos de sangrar:

inventa a un pastor que mata a un gigante,

a una muchacha que se transforma en laurel,

a una mujer que rehúsa dar la espalda 

a su pasado y es convertida en estatua de sal,

a un joven que roba el patrimonio de su hermano

y acaba convertido en líder de una nación.


Inventa unas lágrimas auténticas, un amor impío,

unas palabras arcaicas recitadas despacio

y con esfuerzo, como los primeros pasos

del niño que cruza una habitación.



Enlace al poema original



jueves, 27 de agosto de 2020

"Las vacaciones", de Wendell Berry (Traducido por Luisa Pastor)

Ilustración: Alba L. Giménez


 “Las vacaciones”, de Wendell Berry

TRADUCIDO POR LUISA PASTOR


Hubo una vez un hombre que filmó sus vacaciones.

Iba raudo río abajo en su bote

con su videocámara al ojo, rodando

un dinámico film del dinámico fluir

sobre el que su bruñido bote se desplazaba fugazmente

hacia el término de sus vacaciones. Le mostraba

sus vacaciones a la cámara, que lo grababa,

inmortalizándolo todo para siempre: el río, los árboles,

el cielo, la luz, la proa de su ajetreada embarcación

y, ubicado en la parte de atrás, él con su cámara

preservando sus vacaciones como si en verdad las tuviera,

para que después de haberlas tenido, todavía pudiera

tenerlas. Y con el encendido

de un interruptor, allí estarían. La pega es que él no. 

En esa película él nunca sería más que una ausencia. 


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martes, 18 de agosto de 2020

"Conversación", de Ai Ogawa (Traducido por Luisa Pastor)

Ilustración: Alba L. Giménez


 Para Robert Lowell


Nos sonreímos mutuamente,

y yo me reclino contra el asiento de mimbre.

¿Cómo debe de ser eso de estar muerto?, digo.

Tú rozas mis rodillas con tus dedos azules,

y, al abrir tu boca,

una bola de luz ambarina cae al suelo

con un orificio centelleando en su interior.

No me lo cuentes, digo, no quiero oírlo. 

¿Alguna vez -arrancas - llevaste

uno de esos vestidos de seda

y debido, sin más, a un accidente,

tan leve que apenas lo sientes,

tus dedos rasgaron ese vestido,

con idéntico sonido al de un cuchillo que cortara papel?

Incluso puede que lo visualizaras

percatándote de hasta qué punto esa imagen

es simplemente la prolongación de otra imagen,

que tu propia vida

es una cadena de palabras

que un día se romperá.

Las palabras, dices, como corros de muchachas

cogidas de la mano, empiezan a ascender hacia el cielo

con sus vestidos de confirmación

henchidos como blancos globos de helio,

las coronas de flores en sus cabezas dando giros y giros

y, por encima de todo eso, 

ahí estoy yo, flotando,

y, bueno, así es como yo me lo represento

solo que diez veces más sereno,

diez veces más siniestro.

¿Qué ser vivo podría sobrevivir a una visión así?



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lunes, 10 de agosto de 2020

"Una piedra, una hoja, una puerta", de Thomas Wolfe (Traducido por Luisa Pastor)

 

Ilustración Alba L. Giménez (inspirada en "La danza" de H. Matisse)


…Una piedra, una hoja, una puerta que nunca encontré;

el origen de esa piedra, de esa hoja, de esa puerta.

Y de todos los rostros que han caído en el olvido.


Desarropados y sin compañía de nadie se nos envió al exilio.

De nuestra madre, conocimos su oscuro útero

mas no su rostro;

de la prisión de su carne llegamos a otra

que nos privó de toda esperanza de comunicación, la prisión

de esta tierra.


¿Quién de nosotros ha llegado a conocer a su hermano?

¿Quién de nosotros se ha asomado al corazón de su padre?

¿Quién de nosotros no ha vivido siempre confinado en su propia cárcel?

¿Quién de nosotros no está llamado a ser para siempre un extranjero solitario?


¡Oh, y hasta qué punto apuramos el fracaso en este arduo laberinto, perdidos,

entre las estrellas que alumbran

esta agotada y deslucida ceniza, perdidos!

Recordándonos privados del habla,

salimos en busca del lenguaje primordial que olvidamos,

el desdibujado carril que conducía hacia el cielo,

una piedra, una hoja, una puerta que nunca encontré.


Texto original extraído del libro A stone, a leaf, a door, de Thomas Wolfe (Macmillan Publishing Company, 1991)


... A stone, a leaf, an unfound door; 

of a stone, a leaf, a door. 

And of all the forgotten faces.

Naked and alone we came into exile. 

In her dark womb 

we did not know our mother's face;

from the prison of her flesh have we come

into the unspeakable and incommunicable prison 

of this earth.

Which of us has known his brother?

Which of us has looked into his father's heart? 

Which of us has not remained forever prison-pent?

Which of us is not forever a stranger and alone?

O waste of lost, in the hot mazes, lost, 

among bright stars

on this weary, unbright cinder, lost! 

Remembering speechlessly 

we seek the great forgotten language, 

the lost lane-end into heaven, 

a stone, a leaf, an unfound door.





lunes, 3 de agosto de 2020

"Pasos tristes", de Philip Larkin (Traducido por Luisa Pastor)

Ilustración: Alba L. Giménez


Al volver a tientas a la cama después de un pis,
aparto las tupidas cortinas, y se ciernen sobre mí
las nubes en fuga, la prístina luna.

Son las cuatro: los jardines, jalonados de sombras, yacen
bajo un cielo que bien podría ser la cueva de los vientos.
Realmente, hay algo ridículo en todo esto,

cómo se desliza la luna a través de las nubes que flotan
vagamente como el humo de un cañón
-altas y absurdas y aisladas – hasta hacerse remotas,

mientras una pétrea luz enfoca los tejados de abajo.
¡Píldora del amor! ¡Medallón del arte!
¡Oh, lobos de la memoria! ¡Oh, inmensidades!

No, uno siente ciertos escalofríos al mirar ahí arriba.
La cruel y radiante y clara
singularidad trascendente de esa magnífica visión

es un recordatorio de la fortaleza y el dolor
de ser joven: algo que no podré recobrar jamás,
pero que para otros permanece intacto en alguna parte.



Enlace al poema original

martes, 28 de julio de 2020

“Me siento y coso”, de Alice Moore Dunbar - Nelson (1875-1935) / (Traducido por Luisa Pastor)

Ilustración: Alba L. Giménez

Me siento y coso -una tarea banal, en apariencia,
sobre ella mis manos se afanan, sobre ella cae mi cabeza
bajo el peso de inquietantes visiones -
el arsenal de la guerra, los hombres en sus marchas solemnes,
todos con rostros de acero, y una severa mirada al frente que trasciende
en conocimiento a esas almas inferiores cuyos ojos ni han visto la Muerte
ni han aprendido que la vida no es más que un suspiro.
Con todo, yo debo sentarme y coser.

Me siento y coso, mientras mi corazón se desgarra de deseo,
y vuelve esa marcha terrible, las fieras descargas de fuego
devastando los campos y convirtiendo en una forma retorcida y grotesca
lo que fuera un hombre en otro tiempo. Mi compasiva alma se eleva
implorando a gritos, con el único anhelo de ir en pos
de ese holocausto infernal, de esos campos de aflicción.
Sin embargo, debo sentarme y coser.

Esta nimia labor sin objeto, este inútil remiendo…
¿Por qué he de soñar yo aquí, a salvo en mi hacienda, bajo techo,
cuando ellos yacen empapados de barro y lluvia,
pronunciando a duras penas mi nombre, en el avance y en la caída?
¡Tú me necesitas, Cristo! No es una rosada quimera
lo que persigo como destino – esta hermosa y fútil costura
es justo lo que me anula-. Dios, ¿debo sentarme y coser?

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domingo, 19 de julio de 2020

"Pescando en el Susquehanna un día de julio", de Billy Collins (Traducido por Luisa Pastor)

Ilustración: Alba L. Giménez


No he ido nunca de pesca al Susquehanna,
ni a ningún otro río, con esa idea concreta,
a decir verdad.

Ni en julio ni en ningún otro mes
tuve el placer -si es que es un placer-
de pescar en el Susquehanna.

A mí es más fácil sorprenderme
en un tranquilo cuarto como éste,
con un retrato de mujer colgado en la pared,

y un bol de mandarinas en la mesa,
tratando de manufacturar la sensación
de ir de pesca al Susquehanna.

No me cabe la menor duda
de que otros sí han estado
pescando en el Susquehanna,

han ido río arriba en sus rústicas embarcaciones,
hundiendo afanosamente los remos bajo el agua,
para alzarlos luego, goteando, hacia la luz.

Pero lo más cerca que he llegado a estar yo
de pescar en el Susquehanna
fue una tarde en un museo de Filadelfia

en la que pasé un buen rato
ante un cuadro
en el que ese río serpenteaba
bajo un cielo azul de onduladas nubes
bordeando la densa arboleda de las orillas,
y allí un tipo con un pañuelo rojo en la cabeza
sentado en un pequeño bote de color verde,
sostenía con paciencia el fino sedal de su caña.

“Eso es algo que difícilmente creo
que yo llegue a hacer”, recuerdo
que me dije a mí mismo, y también a mi acompañante.

Luego, en un abrir y cerrar de ojos,
me desplacé a otros paisajes americanos:
graneros, aguas espumosas cubriendo los roquedales,

e incluso en uno de ellos una liebre marrón
que parecía inquieta y en estado de alerta,
a punto, en mi imaginación, de salir huyendo del marco.


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martes, 30 de junio de 2020

“En una ventana”, de Carl Sandburg (Traducido por Luisa Pastor)

Ilustración: Alba L. Giménez

Dadme tan sólo hambre,
oh dioses que gravemente sentados
imponéis al mundo un orden.
Dadme hambre, dolor y deseo,
apartadme, a base de humillaciones y fracasos,
de las puertas del oro y la fama,
¡dadme la más andrajosa y punzante de las hambres!

A cambio, dejadme un amor, por pequeño que sea,
una voz que me regale el oído al final del día,
una mano que me alcance en la penumbra del cuarto
y que venga a acabar con esta infinita soledad.
Cuando al oscurecer las formas diurnas
se difuminan en el ocaso,
una errante estrellita del oeste
nos expulsa de las mudables orillas de la sombra.
Permitidme que vaya entonces a la ventana
a contemplar las fugitivas figuraciones del declive
y aguardar allí la certera llegada
de un amor, por pequeño que sea.



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lunes, 22 de junio de 2020

"Una habitación en Brooklyn", de Anne Carson (Traducido por Luisa Pastor)

Ilustración: Alba L. Giménez
  
(inspirada en la obra Room in Brooklyn, de Edward Hopper)

Este
lánguido
día
se mueve
a lo largo de la habitación
Oigo
sus
ejes
en
marcha
Un progresivo resplandor
sobre
el techo
me da
esa
azulinoamarillenta
excitación
Mientras
las horas
apuran
el glorioso
declive de mi atardecer.

lunes, 15 de junio de 2020

"Desnudo de Edward Hopper", de Lisel Mueller (traducido por Luisa Pastor)

Ilustración: Alba L. Giménez

La luz
apura todo lo que yo podría ser,
el sueño apasionado y tierno
de un hombre cualquiera,
o de un pintor –
mis pechos, dos cálidas palomas,
mis brazos, ligeramente doblegados
por la calma del mediodía.

Yo soy
estas venas azuladas, esta cicatriz,
este dominio de células color lavanda,
estos muslos y hombros vencidos;
estas pantorrillas, tan nimias
como mis mejillas,
estas caderas que no han de hacer mullidos
los luminiscentes cojines;

con todo, este cuerpo es mi hogar,
mi infancia se halla confinada aquí,
mi sueño emerge y se fragua en él,
el deseo llegó a su cénit hasta decaer
en los entresijos de su osamenta.
Este sitio me pertenece.


Para Margaret Gaul


lunes, 8 de junio de 2020

"La Península", de Seamus Heany, (traducido por Luisa Pastor)

Ilustración: Alba L. Giménez


Cuando no se te ocurra nada más que decir,
sal un día y conduce, sin más, a lo largo de la península.
El cielo se eleva como si fueras a despegar,
el paraje carece de indicación alguna, de modo que no hay más meta

que pasar de largo, evitando en todo momento, claro, la llegada.
Al atardecer, el horizonte se traga el mar y la colina,
los campos arados emborronan el tejado del blanco caserío,

y nuevamente retomas la oscuridad. Ahora, recuerda
la luminosidad de la costa y aquel tronco a contraluz,
la roca donde las olas van a romperse en jirones,
las garzas en elegante escorzo sobre sus patas,
las islas dejándose ir en la niebla,

y regresa por fin a casa, todavía sin nada que decir
salvo que en adelante poseerás las claves de todos los paisajes
en virtud de estas cosas halladas puras y limpias,
agua y tierra en su elemental desnudez.


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