domingo, 5 de mayo de 2019

Aula de Poesía "Miguel Hernández": Agradecimiento

Nos faltan palabras para agradecer la respuesta que tuvimos el viernes en el VI Encuentro del Aula de Poesía. Agradecer a la Fundación Cultural Miguel Hernández de Orihuela, en la persona de Aitor Larrabide, su apoyo constante que ha permitido la participación en este acto de Alberto Manzano. Agradecerle a este su disposición a acompañarnos para acercarnos al Leonard Cohen más humano. Agradecer a nuestros músicos, María Sabater, José Jimeno y Eva García Lorca su complicidad. Agradecer a Fuensanta Estremera, Luis Calero, José Luis Zerón y Manuel García su manera de coger un sombrero. Agradecer a Ángeles Vidal su elegancia y compromiso. Agradecer a Leonard Cohen el legado lírico y musical que disfrutamos día a día. Agradecer, por último, a todos los que asististeis vuestro apoyo y entusiasmo.

viernes, 3 de mayo de 2019

"Master song..." Aula de Poesía Miguel Hernández dedicada a Leonard Cohen

Mañana os esperamos en el VI encuentro del Aula de Poesía "Miguel Hernández". En ella, rememoraremos la voz profunda y carismática de Leonard Cohen. Para no perdérselo...


martes, 30 de abril de 2019

Alberto Manzano, biógrafo, traductor y amigo de Leonard Cohen en el Aula de Poesía el próximo viernes

En la sexta edición del Aula de Poesía "Miguel Hernández", dedicada a Leonard Cohen, tendremos el placer de contar con Alberto Manzano, traductor, biógrafo y amigo personal del cantautor canadiense. Con él, indagaremos en la obra poética y musical de Cohen, así como en su vertiente más personal. 


domingo, 28 de abril de 2019

"Master Song..." VI edición del Aula de Poesía "Miguel Hernández"

Como viene siendo habitual desde hace seis años, la Fundación Cultural Miguel Hernández y Auralaria organizan una nueva edición del Aula de Poesía. En esta ocasión, la sexta, la dedicamos a la figura y obra del poeta y cantante canadiense Leonard Cohen. La cita será el viernes próximo, 3 de mayo, a las 20:30 horas en el Auditorio de La Lonja de Orihuela, espacio cedido por la Concejalía de Cultura del Excmo. Ayto. de Orihuela. 
El formato, buscando como siempre la experimentación, aúna proyección audiovisual, declamación poética y canto. Además, tenemos el placer de contar con la presencia de Alberto Manzano, biógrafo, traductor y amigo personal de Leonard Cohen, con el que charlaremos sobre el lado artístico y humano del ganador del Premio Príncipe de Asturias de las Artes 2011.

Os esperamos el próximo viernes...

martes, 5 de marzo de 2019

Disquisiciones y reflexiones del actor Luke Perry sobre el “vanitas vanitatis” y el “tempus fugit” al recibir el guion de la película Serpientes a bordo



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“But nothing is real even what
      you can feel is just illusion”

Now I’m a fool,

Eagles of death metal


No has podido evitar asumir estos papeles,

(todavía no te atreves a llamarlos guion)

con esperanza y desconsuelo.

Los manoseas con algo de desgana,

 pero, al final, las palabras de tu representante

(Luke, es un guion de lujo,

 lo mejor que puedes conseguir por ahora.

 Te abrirá nuevas puertas)

te llevan a obviar el título freaky

(Serpientes a bordo, ¿no había ya un Serpientes en el avión?)

y a comenzar la lectura de sus primeras líneas.

En el reparto te acompaña Tom Berenger

(¿todavía vive?)

y tu papel es el del comandante O'Neill,

militar venido a menos al cumplir cuarenta y tantos

(¿será una metáfora, una indirecta del guionista?)

cuya desafiante misión es matar serpientes en un submarino

(¿las serpientes aguantan la presión del fondo del mar?).

Avanzas un poco más,

entre tuberías, habitáculos minúsculos y puertas cerradas a presión,

 y, como si fuese una transición propia de un flashback,

tu mente se abona al antagonismo

y te lleva a una escena que protagonizaste en una serie de juventud.

Representa un ocaso dorado, idílico,

hábilmente tintado por el director de fotografía.

Estás en Beverly Hills y paladeas la vida.

Tu personaje es un marginado, un superviviente,

pero eso no te impide ocupar el asiento de un descapotable

 (rojo ¡cómo no!)

aparcado sobre la arena de la playa

(¿la legislación de California permitía meter un coche en la arena?).

En el cassette

(¡todavía cassette!)

suena REM, Losing my religion.

No estás solo, claro.

Te acompaña la chica de la serie, Brenda,

(¿cómo se llamaba la actriz?)

nombre tan sonoro como el de su hermano Brandon

(tampoco recuerdas qué actor lo interpretaba).

La abrazas y con tu cara más compungida

(¡qué pose más estudiada aquella! ¡Cuántos suspiros femeninos generaba!)

le comentas, como haciéndole un favor,

 que tenéis que romper,

porque sí,

porque es lo mejor para ella,

porque tu futuro suegro te ha mirado mal,

 y porque tu personaje es un atormentado,

un nuevo Werther que no puede ser feliz.

 Ella llora.

                                     Se deshace.

                           Tú apenas la miras.

                            Eres de piedra.

En ese momento álgido,

piensas en todas las adolescentes pegadas a la pantalla

y que te justifican a pesar de que les pisoteas el corazón.

Son tantas que notas su aliento reconfortando a tu personaje.

Para redondear tu interpretación,

levantas con suavidad, casi haciendo que levite,

tu mano y te atusas el pelo, innecesariamente,

pues la laca que le han aplicado lo ha dejado marmóreo.

Pareces James Dean, te dices

(lo que daría por un final como el suyo).



Tocas la gloria.

Todo está a tus pies.

Una suave y cálida brisa te abraza

y te sume en una sensación indescriptible,

enajenante.

Es la fama,

que durante aquellos años de star system

moldea tu vida con la perfección del photoshop.

Pero un buen día, sin aviso previo del servicio meteorológico,

la brisa deriva en viento

después en huracán

y, por último,

en olvido.



Todo aparece con claridad ante ti ahora,

al notar la ausencia de aquella vida,

su futilidad,

y cuando te miras en el espejo

percatándote de que las imperfecciones que ves en él

 no son suyas,

sino tuyas.

Las ha creado el tiempo

en su peregrinaje por tu rostro

 desde aquel atardecer en una playa dorada.

Ante la lejanía de aquella imagen,

ya casi onírica,

te afanas en practicar una nueva pose

donde encaje la cita estelar del nuevo guion:

“Sargento, ¿Qué ocurre?”

y que se convertirá en imprescindible,

ya que anuncia la aparición de los reptiles que protagonizan la película

(ellos, te mentalizas, no tú).

Esa frase

- piensas mientras pules la dicción de sargento -

 sí que será memorable…

lunes, 11 de febrero de 2019

Reseña de Adolfo Marchena sobre "Regiones más comprometidas" de Alfonso Pascal Ros

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Compartimos la reseña sobre el último poemario de Alfonso Pascal Ros, Regiones más comprometidas, que amablemente nos ha pasado el escritor Adolfo Marchena. Esperamos que sea de vuestro agrado.

REGIONES MÁS COMPROMETIDAS
ALFONSO PASCAL ROS
Ars Poetica. Colección Carpe Diem (Enero, 2108).
Por Adolfo Marchena
Adentrarse en la poesía de Alfonso Pascal Ros (Pamplona, 1965) es desnudarse y arrancarse la piel a pinceladas leves, como las de un pintor puntillista. En su amplio bagaje de creación, como su título advierte, tal vez resulte, en sus regiones, una de las obras más comprometidas escritas por el autor hasta la fecha. Con un ritmo, del que no se desvía un ápice, equilibrado en la difícil labor de no atar versos por complacencia, sus versos retienen el golpe en un tambor africano que nos resulta a la vez cercano y conocido, un viaje cuerpo adentro donde la historia no es lo que parece. Entre el mar (plomada, sextante, velas mayores o mescanas) y la tierra (también el hombre del campo) el hombre es siempre el mismo, esos “propósitos de un Peter Pan” que descubre la brutal edad que tiene. El autor nos oculta, aun en el descuido, en un acto de rebeldía, la disconformidad contra aquellos que abandonan lo íntimo, el que nada posee, el que cumple “venciendo como vencen los de siempre” Haciendo mención a la poesía, la historia o la mitología, lanza sus certeros puñales contra el acto de la creación, contra los poetas como ordinaria ruleta, poetas de salón donde, en un recital, la señora de la tercera fila mira el reloj constantemente porque tiene la cena sin hacer. Hay cierta melancolía “con tanta certidumbre de mareas”, el hombre siempre combatiendo, para jugar a ser poetas con ventaja, con esas licencias poéticas de las que Alfonso Pascal Ros no se aprovecha. Puede doler, doler mucho la argumentación del autor, inquebrantable, porque a veces exageramos hasta la soledad. Existe en todo ello, en comunión con el que entiende de silencios, no menosprecio, al contrario, cierta desgana, incluso pudor, ante la envidia ajena, de aquel que pretende títulos y emblemas. Porque el poeta, al fin y al cabo, está solo. Vive también “ceñido a la deriva y no lo niega”. No niega Alfonso Pascal Ros que vaya a encontrar su lugar entre el ahora y el después. Porque lo que tuvimos, lo que fuimos, lo que somos resulta al final del día. Y porque “de nada servía interrogarlo”, concluye el libro, con el poema Regiones más comprometidas. Sirva como lección, aunque no lo pretenda, para todos aquellos y aquellas que (me incluyo) deseamos encontrar la redondez del texto allá donde el mar y la tierra se funden, para este autor que no busca del aplauso (ni se aprovecha del camino recorrido) pero sí pretende y se compromete a ser palabra en la cartografía del eco, distanciado de ciertas, llamémoslo modernidades, que por serlo, no dejan de ser inútiles artificios de moda pasajera.