domingo, 26 de septiembre de 2021

Reseña sobre "La estirpe", de Eduardo Boix

 La estirpe: reconstruyendo al monstruo; deconstruyendo los géneros literarios 

 Álvaro Giménez


Comentaba este verano Luis Bagué Quílez (en ese nuevo universo de citas literarias y no literarias llamado Facebook) tras leer Revelaciones de la maestra del arco de Javier Vela, (Pre-textos) y La Canción de Nof4 de Raúl Quinto (Jekyll & Jill), que "el futuro de eso que llamamos “literatura” pasa por obras que comparten una característica: su resistencia numantina a meterse en la camisa de fuerza de los géneros literarios". Evitando comparaciones o agrupaciones que siempre pueden ser simplistas, la última obra de Eduardo Boix, La estirpe, (Ediciones del Viento), bien podría definirse (aunque no solo) por el mismo rasgo: la mezcla, aparentemente caótica o involuntaria, de géneros tan diversos como la narración, la autobiografía o la crónica periodística.

Así, bajo el subtítulo de Autobiografía del monstruo, La estirpe se nos presenta, inicialmente, como proceso, entre periodístico y pseudocientífico (ya empieza aquí la mencionada fusión de géneros), para buscar el origen del monstruo: He intentado encontrar la génesis del monstruo, de dónde viene y cuál es su estirpe – indica el narrador al final del primer capítulo, Cosmovisión.

Sin embargo, lejos de convertirse en un catálogo de casos de pederastas, psicópatas y parricidas o un sesudo ensayo que ahonde en causas profundas para hacernos entender la forma de actuar de tales desequilibrados, la obra va derivando en una sutil mezcla de acontecimientos personales del autor que jalonan, en ocasiones con un punto mayúsculo de azar o casualidad casi ficcional y literario, esas existencias en apariencia lejanas y ajenas a él y a todos nosotros.

De este modo, y especialmente a partir del capítulo titulado La estirpe, el libro adquiere un tono de confesionalidad y autobiografismo que consigue enganchar al lector y hacer muy ameno su trasiego por la lectura. 

Los distintos episodios familiares (sobre todo aquellos relacionados con sus abuelos) que el autor va compartiendo progresivamente, generan en el lector la sensación de empatía y, a la vez, cierto "morbo" para comprobar hasta qué punto han influido en el carácter de Eduardo Boix. Al mismo tiempo, sirven como antesala o punto inesperado de comparación con personajes míticos como Virginia Woolf o Silvia Plath, (en el capítulo La familia). Es este uno de los aspectos más destacados del libro. La habilidad que el autor posee para que algo tan aparentemente ajeno como la existencia de ambas poetas pueda asemejarse a la de miembros de su familia. La fórmula se va repitiendo a lo largo del libro, incidiendo en esa mezcla de géneros de la que hablábamos al principio: narración y documentación casi periodística unida a lo autobiográfico sin caer en el exhibicionismo personal o en la anécdota per se: la coincidencia con una conocida del famoso parricida argentino Barreda; el encuentro con un “doktor” supuestamente vinculado al nazismo; los años de convivencia con un concejal pederasta…

Como condimento de todo ello, merece la pena fijarse en los apuntes culturales de la adolescencia e infancia del autor que complementan los distintos capítulos. Son muchas las citas de cine y literatura que dan un tono de manual de cultura contemporánea a La estirpe, en especial, esas referencias a la cultura de los 80 que han configurado, como dice Karmelo C. Iribarren, la forma de ver el mundo de quienes, como Eduardo, nacimos en los 70.

Este puzzle de acontecimientos personales, autobiográficos y culturales lleva al lector hacia un final que mezcla dos géneros en los últimos dos capítulos: Mi monstruo y Coda: un mundo (in)feliz

El primero de ellos reproduce los rasgos propios de una crónica periodística, con una distancia que nos recuerda a capítulos leídos en autores como Abad Faciolince (El olvido que seremos). Es una distancia, que como en el caso del autor colombiano, tiene como objetivo proteger al narrador – autor de un recuerdo doloroso. 

Por su parte, Coda, es un cierre que se acerca al terreno de prosa lírica y que sirve para enunciar la tesis del libro, ya vislumbrada en el capítulo anterior: el monstruo está cerca; el monstruo es, en ocasiones, uno mismo. Se cierra con esa máxima un libro que se resiste a una fácil catalogación y que proporciona al lector un abanico de sensaciones tan diverso como los distintos géneros que lo conforman. 

Para el lector curioso queda la tarea de descubrirlos…



martes, 10 de agosto de 2021

"La canción del equilibrio", de Lars Gustafsson. Traducción de Luisa Pastor.

Ilustración: Alba L. Giménez

A menudo me digo a mí mismo:
“estoy en equilibrio, todo es armonía”.

Voy de acá para allá con una cancioncilla en los labios;

ante mí, nada salvo esta cuerda floja, aún más floja conforme el paseo se prolonga,
aunque solo un poco, tan sólo por un momento,

y no se asemeja en nada al viento
este viento que sopla ahora,

que aún querría cobrar más fuerza y recrudecerse,
y si lo hiciera, quién sabe,

puede que no resultase tan arduo, después de todo, andar por la cuerda floja
ni siquiera en plena tormenta; sin embargo, pocos lo han intentado.

Cuando todo está dicho y hecho,
¿a dónde se podría ir si no?

A menudo nos decimos a nosotros mismos:
“todo está en equilibrio, todo es armonía”.

Los más altos bloques de piedra hacen equilibrio
sobre los más bajos, y los más bajos

sobre otros aún más bajos, en su orientación correspondiente.

¡Qué bien! Qué extraordinario edificio,
qué majestuosa línea, vaya un desafío,

y mira tú por dónde, se mantiene en pie, no darías crédito
a menos que tuvieras la certeza de que hay en todo equilibrio,

hay en todo armonía, de lo contrario, ¿qué pasaría?

A menudo me digo: “Estoy en equilibrio, todo es armonía”.

Duermo de noche y me despierto de día,
todo funciona bastante bien,

contesto al número correcto cuando el teléfono suena,

y hay quienes han marcado toda su vida mal,
me llaman a mí cuando en realidad buscan a otro.

Contesto siempre con el nombre correcto
cuando me llaman con el nombre correcto,

y cuando la muerte señala a alguien,
éste señala a su vez a otro que acude de inmediato.

¿A dónde podría ir si no?

A menudo nos decimos a nosotros mismos:
“estamos en equilibrio, todo es armonía”.

La lluvia llega a tiempo

y las guerras son algo que ocurre lejos
y el soplón tira de la cuerda y la cuerda aguarda al asesino,

la moneda está en su justo precio,

lo que importa es tener la reacción correcta,
el punto de vista correcto, el autocontrol correcto.

Lo correcto, ¡qué bien!

Y el niño abandona la escuela justo a tiempo.


From The stillness of the world before Bach










lunes, 31 de mayo de 2021

Programa del Acto de entrega del Premio Internacional de Poesía "Miguel Hernández"

Os presentamos el programa del acto de entrega del Premio Internacional de Poesía "Miguel Hernández" 2020. En esta ocasión, junto a la actuación preparada por Auralaria, en la que intervendrán Luisa Pastor, José Jimeno, Claudia Lidón y Eva García Lorca, contaremos con la actuación musical del poeta premiado, descubriendo de este modo su faceta de cantautor.
Os esperamos el próximo sábado 5 de junio a las 20:00 h. en el Auditorio de la Lonja.

viernes, 28 de mayo de 2021

Carlos Alberto Palacio, premio internacional de Poesía "Miguel Hernández" 2020

 


Os presentamos al premiado en la edición 2020 del Premio Internacional de Poesía "Miguel Hernández" 2020: Carlos Alberto Palacio, Pala. En el acto de entrega del galardón, podremos disfrutar de su doble faceta de escritor y cantante, ya que cerrará el acto interpretando varios temas de su repertorio. Será el día 5 de junio a las 20:00 h. en el Auditorio de la Lonja de Orihuela.


miércoles, 26 de mayo de 2021

Acto de entrega del Premio "Miguel Hernández - Comunidad Valenciana" 2020

 El próximo sábado día 5 de junio, a las 20:00 horas, se celebrará en el Auditorio de la Lonja de Orihuela la entrega del Premio Internacional de Poesía "Miguel Hernández - Comunidad Valenciana" 2020. Las restricciones derivadas de la pandemia, impidieron que se llevase a cabo en su fecha habitual, el mes de noviembre. Ahora, ante la mejoría de las condiciones sanitarias, por fin, el escritor colombiano Carlos Alberto Palacio - Pala, recibirá el galardón que le acredita como ganador de la edición 2020 con el poemario "Abajo había nubes". Como siempre, desde hace diez años, Auralaria, en colaboración con la Fundación Cultural Miguel Hernández y la Concejalía de Cultura del Excmo. Ayto. de Orihuela, organizan este evento. Os esperamos con todas las medidas de seguridad derivadas del protocolo Covid-19.

lunes, 15 de febrero de 2021

"Febrero", de Bill Christophersen (Traducido por Luisa Pastor)

Ilustración: Alba L. Giménez


El frío se recrudece; por mucho que el anochecer

se retrase, Febrero, con su luz de vapor de mercurio

está puliendo la congelada superficie de color hueso

crujiente y traicionera bajo nuestros pies.

Esta es la época del año idónea para echar

una llave al candado del saludable apetito,

para restituir a la noche sus viejas ansiedades,

con el insomnio y las pesadillas en activo;

cuando lo que es urgente se deja para mañana

y aquello que se ha emplazado viene a llamar

con mascullados reproches a tu puerta,

y las enterradas ambiciones emergen del suelo

y pegan tus escurridizos hombros al muro,

y la esperanza es un reptil que aguarda el mimo del sol.


Enlace al poema original

martes, 12 de enero de 2021

“Meditation at Lagunitas”, de Robert Hass (Traducido por Luisa Pastor)


Ilustración: Alba L. Giménez

Todo el pensamiento moderno gira en torno a la derrota.

En este sentido, se parece a todo el pensamiento antiguo.

La concepción, por ejemplo, de que el hecho concreto

amortigua el radiante esplendor de la idea,

de que el pájaro carpintero, horadando  con su graciosa careta

el esculpido tronco yerto del abedul, supone, por su sola presencia,

una especie de trágica caída desde un mundo primigenio

de indiscriminada luz. O esa otra visión, según la cual,

dado que no hay una sola cosa en este mundo

que se corresponda con la zarza de la mora,

una palabra es la elegía de aquello que significa.

De eso estuvimos charlando anoche, hasta bien tarde,

y en la voz de mi amigo había un leve asomo de aflicción,

un tono casi quejumbroso. Al instante comprendí que,

en una charla así, todo significante se difumina: justicia,

pino, cabello, mujer, tú y yo.

Y recordé que una vez hubo una mujer a la que le hice el amor,

y cuando tenía sus pequeños hombros en mis manos

sentí un violento asombro en su presencia,

como un anhelo de sal, un ansia del río de mi infancia,

con sus sauces insulares y el ininteligible rumor

de un plácido bote, aquellos cenagales donde atrapábamos

unos pequeños peces de color plata y ámbar llamados percas.

Y todo eso, en verdad, apenas tenía que ver con ella.

Nostalgia, ese es su nombre, que sobreviene

porque el deseo está lleno de interminables distancias.

Supongo que también ella estaría entonces igual de lejos.

Sin embargo, recuerdo tan bien el modo en que sus manos

desmenuzaban el pan, o aquello que su padre le dijo

para herirla; sus ilusiones...

Hay momentos en que el cuerpo se vuelve tan inefable

como las palabras, días en que la gloria de la carne se prolonga,

algo así como la ternura de aquellas veladas crepusculares

pronunciando mora, mora, mora.



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